Historia del vino en México

En el Continente Americano existían vides silvestres mucho antes de la llegada de los europeos y en el caso de México existen distintas variedades que los pueblos nativos consumían en su dieta regular. Los aztecas llamaron al fruto de la uva acacholli, los purépechas lo conocían como seruráni, los otomíes lo llamaron obxi y los tarahumaras lo nombraron úri. Los pueblos nómadas del norte eran los mayores consumidores de uvas silvestres y bebían sus jugos ácidos pero se desconoce si los zumos sufrían algún tipo de proceso de fermentación.

Después de la conquista de México Tenochtitlan, los colonizadores españoles encontraron vides silvestres en el suelo de la Nueva España como la Vitis rupestris, Vitis labrusca y Vitis berlandieri. Hernán Cortés fue el principal promotor del cultivo de la uva, ordenando traer de la isla de Cuba semillas y plantas de la Vitis vinifera proveniente de España, siendo la Nueva España el primer sitio de la América continental en donde se cultivaron viñedos y se produjeron vinos para consumo.

El 20 de marzo de 1524, Hernán Cortés firmó un decreto donde se ordenaba que todos los españoles con encomiendas debían plantar anualmente mil viñas españolas y autóctonas por cada cien indígenas a su servicio para lograr así una hibridación rápida en las nuevas tierras.

Desde su llegada en el siglo XVI, los españoles trajeron consigo el vino. Dándose cuenta de que las características de la tierra y el clima de algunas regiones de México eran ideales para su cultivo, Carlos I de España ordenó, en 1531, que todos los navíos que se dirigían a la Nueva España llevaran viñas y olivos para ser plantados. Los primeros cultivos de viñas se plantaron en Huejotzingo y los alrededores de la Ciudad de México; los indígenas de esta región le nombraron en lengua náhuatl xocomecatl (fruto de la enredadera) a esta nueva variedad de uva que producía un vino o una bebida embriagante, a la que según Fray Bernardino de Sahagún, le llamaban tlapaloctli (vino que pinta). Del puerto de Acapulco salían barcos llenos de viñas hacia el Virreinato del Perú bajo el cual rápidamente logró domesticarse la uva española en los territorios de América del Sur.

En 1554 se inicia la elaboración de caldos con uvas cultivadas en la Nueva España. Poco a apoco se fue extendiendo el cultivo de la vid principalmente hacia otros territorios novohispanos como Querétaro, Guanajuato y San Luis Potosí. Uno de los lugares de mayor producción fue la Vega de Metztitlán, donde después de haber apaciguado a los indígenas de la región, los misioneros agustinos lograron producir grandes cantidades de vino para consumo local y el resto enviarlo en carretas hacia la Ciudad de México.

Conforme la colonización avanzaba y se dirigía hacia zonas menos pobladas, el cultivo de la vid se fue expandiendo. Casi todas las expediciones incluían misioneros, que desempeñaban el trabajo de catequización, lo que también se traducía en plantación de viñedos, tanto para el autoconsumo como para la celebración de la misa.

Es en este contexto que, en 1593, Francisco de Urdiñola estableció la primera bodega en el Valle de Parras, hoy estado de Coahuila. Allí se produjo el primer vino de América hecho con fines comerciales. En 1597, Lorenzo García estableció la Hacienda de San Lorenzo con su respectiva bodega; la vinícola, que sigue funcionando, hoy se conoce como Casa Madero.

Para 1595 la calidad y cantidad de vino que se producía era tal, que comenzó a amenazar los intereses comerciales de los propios españoles, tanto de productores como de distribuidores, por lo que el entonces rey de España, Felipe II, expidió una cédula real para prohibir la producción de vino en la Nueva España, ordenando también destruir los viñedos existentes.

Aunque la ordenanza real efectivamente inhibió el desarrollo de la vitivinicultura, no impidió del todo su expansión. La producción de vino siguió de la mano de los misioneros, que producían vino para consagrar y para autoconsumo. La región principal de sus esfuerzos fue California, incluyendo lo que después, en el siglo XIX, se convirtió en territorio estadounidense. Así, los vinos de California fueron, en un principio, vinos mexicanos.

El padre Kino fue uno de los sacerdotes jesuitas precursores de la colonización definitiva de California. Aunque su intento de evangelización no prosperó, otros frailes siguieron su camino y fundaron varias misiones que fueron cuna y clave de la vitivinicultura mexicana.

La primera misión en Baja California fue Nuestra Señora de Loreto, fundada en 1697 por el padre Juan María Salvatierra. Sin embargo, a quien se le considera el padre de la viticultura de California es el padre Juan de Ugarte, quien, al tiempo de ser nombrado procurador de las misiones, trajo a estas tierras sarmientos de vitis vinífera, la variedad de viña de la cual se produce hoy en día casi todo el vino del mundo. El producto de estos sarmientos fue conocido posteriormente como uva misión.